miércoles, 10 de junio de 2009

"Déjame entrar" o el ansia de normalidad


Sólo faltaba una cosa. Una historia. En la escuela, los niños no podían hacer un trabajo especial sobre la historia de Blackeberg, porque no la tenía. Bueno, algo había acerca de un molino. Un rey de la pasta de tabaco. Algunos curiosos edificios antiguos a orillas del lago. Pero de todo aquello hacía mucho tiempo y no guardaba relación alguna con el presente. Donde ahora se alzaban edificios de tres alturas, antes no había más que bosque. Los misterios del pasado no estaban a su alcance; no tenían ni siquiera una iglesia. Una población de diez mil habitantes, sin iglesia. Eso ya dice bastante de la modernidad y racionalidad del lugar. Bastante de lo ajenos que eran a las calamidades y al terror de la historia. Lo cual explica en parte lo desprevenidos que estaban.

John Ajvide Lindqvist, Déjame entrar.

Hacía mucho tiempo que no veía una película de vampiros, pero más tiempo aún que no disfrutaba tanto al hacerlo. Se trata de “Déjame entrar (Let the Right One In), del sueco Tomas Alfredson, basada en la novela homónima de John Ajvide Lindqvist. Desde luego es mucho más que una película de terror: no es el miedo lo que se pretende transmitir; más bien es la tristeza el único sentimiento que tiene cabida en esta historia de amistades imposibles, lealtades e incomprensiones. Y todo como expresión de la extrema soledad que padecen aquellos que son diferentes en una sociedad aparentemente opulenta, que en su mediocridad siempre cercena aquello que no entiende. Es cine fantástico pero dotado de un realismo que aparece enmarcado en una óptica oscura y turbulenta que, al mismo tiempo, nos muestra un lirismo extremo. Y es que la historia de amor entre Eli, la niña vampira, que en realidad es un niño castrado, y OsKar se desarrolla en los primeros ochenta en un barrio marginal de Estocolmo, rodeado de nieve y oscuridad por todos lados y habitado por unos personajes adultos egoístas, vacíos e inmaduros que marcan el carácter retraído de Oskar, que se encuentra en pleno tránsito a la adolescencia. Su otra referencia en este viaje son sus compañeros de clase, que lo someten un acoso escolar brutal que hace que sus sueños de violencia y de venganza tomen forma cuando conoce a Eli.

¿Dónde está el lirismo en este argumento tan sórdido? Pues en la humanidad y la cercanía de los personajes. Todos los elementos sobrenaturales están al servicio de las emociones de los protagonistas. La mirada de Oskar es cándida pero no simple. La “inhumana” y angustiada Eli tiene más alma que ninguno de los adultos que los rodean. Ella es una depredadora, pero lo es por instinto de supervivencia. Todo lo contrario que los habitantes de Blackeberg (adultos y niños), que, en sus relaciones sociales, son igualmente depredadores. Pero lo son de una forma gratuita y mucho más cruel, al perseguir siempre la dominación y la humillación de los más débiles.

La dosis de sinceridad, ternura y romanticismo que observamos en el hecho de que una niña de doscientos años se enamore de la soledad y la fragilidad de otro de doce, con el que sólo comparte su apariencia física, hasta el extremo de querer éste convertirse en su fiel compañero, muestra una historia de amor que va más allá de la espontánea apertura a la sexualidad. Este viaje iniciático al amor posee tal ímpetu conmovedor que nos hace olvidar por instantes las escenas sangrientas de la película. Y todo ello con una simpleza y una maestría narrativas que ya quisieran para sí muchas películas que inundan nuestras pantallas. No os la perdáis.

Leer más.

5 comentarios:

bLuEsMaN dijo...

No la conozco pero me la apunto. Pinta bien.

Ya me habían recomendado "La ola", pero hasta que vi tu entrada sobre ella no terminé de recordar que no podía pasar más sin verla.

Gracias y saludos.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

A mí también me la recomendaron este fin de semana. Yo no tenía ni idea y, la verdad, es que da gusto que todavía se haga tan buen cine, aunque pase desapercibido porque no es comercial. Espero que te guste.

Saludos.

Pilar dijo...

La ví hace un par de semanas y me encantó, aunque me dejo un poco triste. Estoy deseando verte para que me apuntes unas cuantas de esas que sabes que me gustan.

Un beso toledano

elquebusca dijo...

¿Cuál es la razón por la que dices que no se una chica sino un chico castrado?

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Son tres las razones:
a) Ella dice que no es una chica.
b) Cuando se ducha se puede apreciar una cicatriz en sus genitales.
c) En la novela se describe con todo lujo de detalles el proceso de la castración.

Para Pilar: anoche vi "Watchmen" y también me gustó mucho. No es una historia de superhéroes al uso. Tiene unas lecturas muy interesantes, ya te contaré. En cuanto pueda, me compro el cómic. Besos.

Publicar un comentario

En “Angelus Novus” cualquier opinión, sugerencia o comentario serán muy bien acogidos. No serán publicados, sin embargo, los mensajes injuriosos, discriminatorios o con un lenguaje inapropiado.

¡Muchas gracias!

Ir Arriba