martes, 30 de junio de 2009

¿Ciudadanos o súbditos?


"También en una República se puede ser verdadero súbdito. Para serlo, no hace falta precisamente venerar ni remedar a un soberano. Basta con reverenciar y dejar que obre por uno otro Poder, cualquiera que sea, acaso el del dinero. (…) El súbdito sigue ostentando la marca de siempre: su renuncia a la propia responsabilidad. No le importa hacer intervenir a su conciencia en la marcha de los sucesos. Los deja desarrollarse con un griterío de júbilo, como el súbdito de otros tiempos, o indiferente y sumiso, como la mayor parte de los súbditos de hoy. Mala señal; tenemos todavía mucho que aprender."

Heinrich Mann, El súbdito (Prólogo, Berlín, febrero 1929.)

Es llanamente difícil no estar de acuerdo con Javier Marías cuando se pregunta en su último artículo dominical “¿Qué clase de sociedad es esta en la que se considera normal vivir permanentemente por encima de las propias posibilidades, y solicitar créditos no para lo esencial ni para lo excepcional, sino para cualquier chuminada o capricho, para celebrar por todo lo alto la comunión de la niña, como si fuera una miniboda, o irse de vacaciones no aquí cerca, sino a Cancún o a Bali?” Lo cierto es que estamos viendo últimamente en televisión como gente que gana al mes 1.500 euros de media está acudiendo a Cáritas a pedir comida porque necesita el dinero para pagar la hipoteca y las letras del coche. Al mismo tiempo, reclaman al Estado todas las asistencias del mundo “como si fuera el progenitor, para que ponga remedio a sus frustraciones particulares.”

El tema es muy serio. Ya no se trata del infantilismo de nuestra sociedad, sino de algo peor: la no distinción de la ciudadanía de la condición de súbdito. No somos sujetos de derechos y deberes; se busca depender ad aeternum del Estado, cuando conviene, claro está. Pero siendo súbditos, aunque sea súbditos de “mercado” ¿dónde queda el uso de los derechos civiles y políticos? ¿Dónde queda el sentido democrático del Estado? No hay monarcas absolutos pero sí nuevos métodos de auto-sometimiento: “soy lo que tengo”. De ahí la actitud más que tolerante ante la corrupción, ante la exhibición de conductas obscenas por parte de ciertos políticos, constructores o banqueros, ante la violación de las normas sólo por violentar al “otro”; todo ello desde la más absoluta displicencia ética.

Lo más triste es que este nuevo modelo de súbdito de mercado no escandaliza a nadie e incluso se fomenta. En efecto, es vergonzoso el índice de alumnos que abandonan el sistema educativo sin los conocimientos y las habilidades básicas y mínimas; y que pasarán al mundo laboral sin cualificación alguna y sin una formación cultural ajustada a los años que han estado escolarizados. En concreto, en Murcia el 32,5%, si no más. Eso sí, todos querrán y exigirán un sueldo de dos mil euros, un adosado, un audi y un viaje a Punta Cana. Hasta ahora Murcia era un paraíso del trabajo fácil y sin cualificar, pero la cosa ha cambiado. Lo que les ha funcionado durante años a sus padres difícilmente les servirá a estos alumnos, por lo que es previsible que su nivel de bienestar sea inferior. Si de algo puede presumir el Estado moderno es de ofrecer una efectiva igualdad de oportunidades, siendo la educación su principal baluarte. Y aprovechar esa oportunidad o no es una decisión que se toma en libertad, como el comprar tal o cual cosa. Pero la libertad va unida a la responsabilidad; por eso no es de recibo hacer responsables a los demás (incluidos los profesores y el propio Estado) de las propias decisiones erróneas. Una sugerencia para estos nuevos súbditos: la lectura de Del tener al ser, de Erich Fromm.

No obstante, ¿estaré equivocado y seremos nosotros los responsables de fabricar tales súbditos alienados? Así, por lo menos, se ha visto desde siempre.
We don't need no education
We don't need no thought control
No dark sarcasm in the classroom
Teachers leave the kids alone
Hey teacher leave us kids alone
All in all it's just another brick in the wall
All in all you're just another brick in the wall

5 comentarios:

Putkara IV dijo...

sin duda una de las mejores canciones de Pink Floyd, esta muy bien la entrada. Como en muchas de sus canciones en esta tambien intenta reflejar la situcion social que hubo en su época, Roger Waters y David Gilmour... clasicos de rock

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Gracias Putkara IV. Por cierto, me reí mucho con vuestro vídeo. ¡Feliz verano huracanado!

bLuEsMaN dijo...

Aprovechando tu referencia a Fromm él también describía algo similar a lo que comentas, lo llamaba la "teta estado" (haciendo una traducción apañada). Venía a significar el vicio al que estamos habituados para recurrir al estado, en vez de a nosotros mismos, bajo la ilusión de que es la "madre protectora" que nos dará todo lo necesario. Después de todo no es más que una de las formas de renunciar a uno mismo (esta vez en pro del estado).

Saludos.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Como siempre, totalmente de acuerdo contigo. Muy bueno lo de la "teta estado", aunque esa teta acabará necesitando de un "Bra extender". Es lo que tienen las sociedades "opulentas": "el hombre mismo se ha transformado en mercancía y siente su vida como un capital que debe invertir provechosamente. Si lo consigue, es un “hombre de éxito”, y su vida tiene sentido para él; en caso contrario, es un “fracasado”. Su “valor” estriba en su venalidad, no en sus cualidades humanas de amor y razón, ni en sus facultades artísticas. Por tanto, el sentido de su valor depende de factores ajenos: de su éxito, de cómo lo juzgan los demás. Por tanto, depende de los demás, y su seguridad está en el conformismo, en no apartarse un centímetro del rebaño". "El humanismo como utopía real – La fe en el hombre", Erich Fromm.

Un abrazo.

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