jueves, 14 de mayo de 2009

Nietzsche y la vivencia del “Tristán”

“Dos amantes, cada uno de los cuales ignora el amor que le profesa el otro, creyéndose por el contrario profundamente herido y despreciado, se piden recíprocamente la bebida que mata, aparentemente para expiar el agravio, en realidad empero empujados por un sordo impulso: por la muerte ansían evadirse de toda separación y fingimiento; la presunta proximidad de la muerte abre sus almas y las sumerge en una felicidad efímera, estremecida, como si efectivamente se hubiesen evadido del día, el engaño, y aun la vida: el motivo de Tristán e Iseo.”
F. Nietzsche, Richard Wagner en Bayreuth


La pieza que podéis escuchar más abajo se conoce como “La muerte de Isolda” y está extraída de la ópera “Tristán e Isolda” del compositor alemán Richard Wagner (Para conocer su argumento pincha aquí). Mucho hay escrito sobre la relación entre Nietzsche y Wagner, que fue pasando de la veneración más absoluta al más absoluto desprecio. La misma veneración y el mismo desprecio que sintió hacia Schopenhauer, aunque del filósofo se apartó primero. La separación entre idea y realidad llevó a Schopenhauer a negar la vida en general; pero Wagner, como artista, afirmaba con toda evidencia la vida. ¿Reunía la obra de Wagner lo dionisíaco y lo apolíneo como hacía la tragedia antigua? ¿O se apoyaba, tal vez de manera inconsciente, más bien en suelo burgués-cristiano? Nietzsche creía que el arte de Wagner podía quitarles a los alemanes el gusto por el “rancio cristianismo”, que su mitología germana podía conducir a un conocimiento antiguo-pagano del mundo.

El joven Nietzsche se entusiasmó por “Tristán”. Fue esta obra la que le permitió conocer de cerca lo dionisíaco: la alegría parecía convertirse en dolor. Y es que, en la primitiva cultura griega estaban representadas la tragedia y la música, formas que pueden distinguirse con los conceptos de lo apolíneo y lo dionisíaco. El carácter terrible y el misterio de lo trágico eran vistos por Nietzsche como lo opuesto a la duda y a la tiranía del concepto desde Sócrates. Y es que el germen mortal de toda cultura se ocultaba detrás de los interrogantes de la ciencia y en el análisis de los problemas. Nietzsche vivía con la esperanza de que una nueva forma artística irrumpiera para salvar la cultura occidental, empobrecida por la visión puramente científica del mundo. La música de Wagner, como el “Tristán”, podría infundir nueva vida al mito trágico, muerto en Occidente desde hacía siglos. Supondría una victoria enorme frente a la tiranía de la ciencia, así como al dogmatismo de la fe, tal como se presentaba en el anticuado cristianismo.

Según Fischer-Dieskau, Nietzsche empezaba ya a polemizar en público contra la Iglesia; calificaba el cristianismo como una forma más de la descomposición intelectual socrática. La moral apenas podía justificar ya el mundo, había que superar la exigencia de renuncia de Schopenhauer y la compasión como quintaesencia de la doctrina cristiana. Es esta la razón de que el pensamiento de Nietzsche se hermanara con el de Wagner: había que ayudar a que lo dionisíaco volviera de nuevo al poder. Precisamente porque imaginaba que todavía no había pasado la época del hombre socrático clamaba: ¡Atreveos a ser hombres trágicos!

Abajo os dejo otro documental sobre este gran crítico de la cultura occidental. Está producido por la BBC y pertenece a la serie Human, All Too Human. También es un buen trabajo.


Richard Wagner, Tristan und Isolde, "Mild und leise wie er lächelt"


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