martes, 5 de mayo de 2009

Los profesores somos gilipollas


Pues sí. Los profesores somos gilipollas. Con este bonito calificativo se refería el presidente de la Diputación de Valencia y alcalde de Xátiva, Alfonso Rus, a los profesores valencianos que, recientemente, se atrevieron a desaprobar la política educativa de la Comunidad Valenciana. ¡Vamos a rematarlos, vamos a rematarlos!, parece ser que fue su respuesta ante la ola de protestas del pasado día 28 de abril. Este dechado de cultura y sabiduría ya nos había dejado perlas como esta: “nada en el mundo sustituye a la constancia” ni “el talento” ni “el genio” ni tampoco “la educación”; sentenciando que “el mundo está lleno de fracasados bien educados”. (El Plural, 01/05/2009).

Por otro lado, somos tan gilipollas que "el sector editorial está mucho más preparado que el sistema educativo, que está en la prehistoria digital", a la hora de analizar la inminente llegada de la escuela 2.0. Esta valoración aparece ni más ni menos que en El País, en el artículo Zapatero negocia acuerdos para digitalizar el sistema educativo. Hace muy bien Miguel Santa Olalla en poner el grito en el cielo desde Boulé en La educación 2.0 no pasa por los profesores. Resulta que como somos gilipollas, no somos capaces de preparar material alguno que se base en las TIC: sólo las clarividentes, imaginativas y preclaras editoriales son capaces de hacerlo. El desprecio por nuestra profesión, una profesión de gilipollas, es manifiesto. Como dice el profesor Santa Olalla, da igual el signo político de las autoridades educativas: el esfuerzo del profesor siempre será minimizado y relegado a la Prehistoria. Por eso son Gobierno y empresas los encargados de llevar a cabo semejante revolución digital, que encuentran su mayor obstáculo, como no puede ser de otra manera, en la "formación del profesorado"
.

Yo, por supuesto, soy profesor y, por tanto, un gilipollas. También lo son los administradores de los 700 blogs presentados al III premio de edublogs, organizado por la Asociación Espiral; entre muchos otros, que llevan años haciendo un trabajo excepcional en el terreno de las TIC. Somos tan gilipollas que estamos dispuestos a emplear nuestro tiempo y esfuerzo en hacer de la educación un espacio más ameno, más fructífero y más digno, a cambio de nada. Quienes nos dedicamos a esto no obtenemos el más mínimo reconocimiento, ni académico, ni mucho menos económico. Lo hacemos buscando la excelencia en nuestra profesión y para tratar de incrementar en nuestros alumnos el placer por la cultura y la sabiduría.


Señores políticos y empresarios: somos gilipollas, pero no imbéciles. Como nos dé por salir de la Prehistoria, a ver en qué queda la “gran oportunidad para la industria editorial española, puesto que hablamos de un mercado de 400 millones de estudiantes".

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