sábado, 30 de mayo de 2009

Fundamentos hermenéuticos de la Estética de la Recepción III


«…no hay que buscar la relación del arte con la sociedad principalmente en la esfera de la recepción. Hay a ésta una previa: en la producción. A ésta ha de volver el interés por el desciframiento social del arte, en lugar de contentarse con la averiguación y clasificación de efectos que, a menudo por motivos sociales, divergen totalmente de las obras de arte y de su contenido social objetivo. La investigación del efecto no alcanza ni al arte como hecho social, ni en modo alguno debe, usurpación que hace la de espíritu positivista, dictar normas al arte… Arte y sociedad convergen en el contenido, no en lo exterior a la obra de arte.»

LA CRÍTICA A LA ESTÉTICA NEGATIVA DE ADORNO

La estética de Adorno, con su acento en la preponderancia del objeto, es una estética de la obra vinculada a una sociología del arte poco dada a tratar a fondo el problema de la recepción, la interpretación y la lectura por su escasa sensibilidad hermenéutica y sus dificultades con la filosofía del lenguaje. Toda obra de arte es como una escritura jeroglífica cuyo código se hubiera perdido y cuyo contenido está determinado en parte por esta pérdida. Ello significa que la comprensión de su sentido es perpetuamente diferida a un momento que no llegará jamás. Por tanto, jamás puede responderse satisfactoriamente a las preguntas acerca del sentido de una obra de arte.


Adorno parte de la constatación de que en nuestro tiempo la identificación ha caído a través de la industria de la cultura, al nivel del cambio en cortocircuito de necesidad y satisfacción. De aquí surgen unos postulados básicos que perfilan su teoría estética como una estética de la negatividad: la obra es lo contrario de la realidad, ilusión ficción, irrealidad, apariencia. Es apariencia, pero de "lo que no tiene apariencia".

El arte moderno auténtico es negativo en el sentido que habla de sufrimiento y produce displacer como la narrativa kafkiana o la música dodecafónica. "Divertirse significa estar de acuerdo".

El arte auténtico niega las formas de percepción y comunicación tradicionales y habituales, frustra nuestras expectativas de comprensión en tanto que permanece como un enigma irresuelto que difiere su sentido último.


La obra de arte, aun siendo producto de la sociedad, es negativa para con la sociedad, a la que niega, denuncia y critica desde un punto de vista normativo inmanente. Ahí está su tensión interna, su negatividad dialéctica.

Según lo expuesto, la experiencia estética queda reducida en su función social primaria, desde el momento en que se la sitúa en el marco de las categorías ”afirmación” y ”negación” y no se pone en relación la negatividad constitutiva de la obra de arte con la identificación, que es su antónimo estético-receptivo. Jauss rechaza la conexión que Adorno realiza entre teoría estética y especulación filosófico-histórica.

«Mi crítica a Adorno debería incluir un intento de justificación de la experiencia estética frente a la reivindicación teorética, que descuida u oprime las formas primarias de esta experiencia –especialmente su capacidad comunicativa– en beneficio del nivel, más alto, de la reflexión estética. La grandiosa unilateralidad con que Adorno contrapone la pureza de la reflexión (a la que debe llegar en solitario el sujeto situado frente a la obra de arte) y la experiencia sensorial y la interacción comunicativa del arte, no sólo está condicionada por su postura socio-crítica: Adorno recoge, también, la herencia de una tradición de la historia del arte que se reduce a la ontología del objeto estético, dejando la cuestión de la praxis de la experiencia estética en manos de la poética normativa o de la psicología de las emociones. El rechazo de toda actitud hacia el arte que no haya alcanzado el criterio de la autonomía clásica, aparece, de manera especialmente drástica, en aquel punto en que la terapia adorniana de la negatividad contra las seducciones de la industria cultural culmina con la siguiente advertencia: "La experiencia artística sólo es autónoma cuando desecha el gusto placentero". Mi tesis va dirigida contra este purismo estético: el comportamiento placentero, que el arte provoca y posibilita, constituye la experiencia estética par excellence, que caracteriza tanto al arte preautónomo como al autónomo. Y, por eso, a la hora de poner de relieve la praxis estética del comportamiento productivo, receptivo y comunicativo, el comportamiento placentero se convierte, una vez más, en objeto de la reflexión estética.»

De lo que se trata –contra la reflexión teórica– es de hacer de nuevo de la "experiencia estética primaria" el objeto de la estética. Adorno concibe experiencia estética primaria y reflexión como unidad, es decir, ambas se implican mutuamente de manera necesaria, lo que hace que su teoría estética sea elitista. Sin embargo, más allá de las diferencias sociales y de época en la recepción del arte, Jauss sostiene la concepción de que la identificación es un modo suprahistórico de apropiación de obras de arte. Desde la tragedia griega, pasando por la epopeya medieval, hasta el drama burgués de la Ilustración, no es posible describir la recepción del arte sin recurrir a la identificación. Sólo con ayuda de este concepto se pueden describir las modificaciones psíquicas que experimenta la apreciación de los receptores y, por ende, la posibilidad del efecto ético de creaciones estéticas.

  1. La Estética de la Recepción.
  2. El encuentro con Gadamer.
  3. La crítica a la estética negativa de Adorno.
  4. El nuevo concepto de experiencia estética: Poiesis, Aisthesis, Catharsis.

0 comentarios:

Publicar un comentario

En “Angelus Novus” cualquier opinión, sugerencia o comentario serán muy bien acogidos. No serán publicados, sin embargo, los mensajes injuriosos, discriminatorios o con un lenguaje inapropiado.

¡Muchas gracias!

Ir Arriba