lunes, 25 de mayo de 2009

Fundamentos hermenéuticos de la Estética de la Recepción I


«Para el que se ocupa (de las obras de arte) en cuanto dialéctico histórico, integran estas obras tanto su prehistoria como su historia sucesiva, una historia sucesiva por virtud de las cual se percibe también su prehistoria en tanto implicada en una transformación constante. Le enseñan que su función sobrevive a su creador, también le enseñan cómo dar la espalda a sus intenciones; cómo la acogida por parte de sus contemporáneos es un componente de la repercusión que la obra artística tiene sobre nosotros, y cómo este efecto se funde no sólo en el encuentro con ella, sin además con la historia que le ha permitido llegar hasta nuestros días».
LA ESTÉTICA DE LA RECEPCIÓN.

En los años sesenta, y de forma paralela al énfasis estructuralista y semiótico en el “texto” artístico como punto de partida de la experiencia estética, se subraya también desde diversas posiciones la importancia de la interpretación en cualquier proceso estético. En conexión con la hermenéutica de Gadamer, se ha ido desarrollando en Alemania, en el campo de la teoría y de la crítica literarias, una orientación metodológica que subraya el papel central del público receptor en la formación de la historia de la literatura. Adoptando el rótulo de ”estética de la recepción”, esta nueva orientación metodológica señala que «la literatura y el arte sólo se convierten en historia con carácter de proceso cuando la sucesión de las obras viene procurada no sólo por el sujeto productor, sino también por el sujeto consumidor, por la interacción de autor y público».

Suelen considerarse precursores de la estética de la recepción a Valéry, Benjamin y Sartre. Para Valéry, el lector queda elevado al rango de segundo creador de una obra que es necesariamente abierta, al afirmar de modo provocador que «mis versos tienen el sentido que se les quiera prestar». Corresponde al lector completar el trabajo ineludible de la poiesis, poniendo en juego su sensibilidad para poner a prueba un sentido que no está dispuesto, sino propuesto. Esta ruptura entre la producción y la recepción del arte queda de manifiesto en la obra de Benjamin, para quien la crítica de las obras del pasado no es sino la actualización misma de su recepción. En los mismos términos se manifiesta Sartre en su artículo de 1948 ¿Qué es la literatura?, al afirmar que el escritor productivo y el leer receptivo son actos que se excluyen entre sí.


Ricardo Sánchez señala la coincidencia de la aparición de la estética de la recepción con los siguientes procesos:

  • El agotamiento del modelo explicativo formalista, estructuralista y de la interpretación inmanente (después de los éxitos innegables de la estilística, la “nueva crítica” americana, el formalismo ruso y el estructuralismo europeo).
  • Los intentos de renovación de la historia del arte (agotadas también las orientaciones positivistas e historicistas).
  • El final de la experimentación vanguardista que convierte a esas obras, en su día polémicas, en “clásicos” de la modernidad del siglo XX.
  • El auge de la orientación pragmática en las ciencias humanas, fundamentalmente en la lingüística (teoría de los actos de habla, explicación de la organización del lenguaje como interacción cooperativa, análisis de la conversación…
  • La renovación de la estética filosófica, después de pasada la cuarentena a que fue sometida tras los excesos de la estética idealista basada en la filosofía de la identidad y el entusiasmo por los nuevos enfoques positivos y cientifistas.
La aparición en 1967 del manifiesto de Jauss La literatura como provocación marca la aparición de un nuevo paradigma en el campo de la estética, centrado en la búsqueda de significados de las obras de arte: la estética hermenéutica. Esta renovación de la estética parte del impasse al que habían llegado los estudios de historia del arte. En efecto, Jauss encuentra una historia de la literatura que por su pretensión de objetividad ha disociado la historia del pasado, entendida como una jerarquía consagrada de autores-vidas-obras, de cualquier juicio estético en el presente. Esa pretensión de objetividad que exige del historiador hacer abstracción de su punto de vista sobre su propio tiempo, propicia correlativamente la confianza historicista en aprehender la verdad del pasado. La escisión que tal actitud positivista ha producido entre historia y estética se ha traducido finalmente en la desconexión entre una sociología de la literatura y una teoría de la interpretación inmanente. Y es que el historiador es, antes que nada, un lector. Pero su experiencia estética de lector implica el horizonte de expectativas del primer público de la obra y el “efecto” que la obra produjo en él, modificándolo. Así pues la historia del arte no consiste en el establecimiento a posteriori de la conexión entre hechos objetivos (la sucesión de autores y obras), sin tener en cuenta la historia de la recepción de las obras. Según Jauss,
«El círculo cerrado de una estética de la producción y de la presentación, en el que hasta ahora se mueve principalmente la metodología de la ciencia literaria, debe (…) abrirse a una estética de la recepción y del efecto».
Ya que:
«En el triángulo formado por autor, obra y público, este último no es sólo la parte pasiva, cadena de meras reacciones, sino que a su vez vuelve a constituir una energía formadora de historia. La vida histórica de la obra literaria no puede concebirse sin la participación activa de aquéllos a quienes va dirigida».
Jauss piensa que la historicidad del arte puede ser comprendida a partir de su recepción activa y del cambio permanente de horizontes de expectativa que supone, y no como mero “efecto”. Ese “diálogo” continuo entre obras y público, en un círculo de preguntas y respuestas, es lo que liga las obras del pasado a la experiencia estética del presente, articulando la historia y la estética. Es ese encadenamiento de recepciones lo que acaba decidiendo acerca de la serie histórica de las obras, obligando a revisar constantemente el canon consagrado. Ahora bien, la recepción evita el peligro de la interpretación psicológica “arbitraria” (que se compensaría con la seguridad del canon clasicista) si es capaz de establecer ”metódicamente” la estructura del horizonte de expectativas del público (géneros, temas, formas, lenguaje poético, mundo imaginario) y el impacto producido por la obra en función de la distancia o desnivel estético en el acto de la recepción. Y, seguidamente, la historia de la recepción de la obra acaba englobando sucesivamente los horizontes que se fusionan en el horizonte actual. La obra tiene que seguir prestándose a responder a las cuestiones que plantea una recepción activa, revalidando eventualmente su valor estético.

La obra de Jauss se centrará en el análisis de lo específico de la experiencia estética, entendida como goce o placer, y en la que a través de un recorrido de su historia encontrará tres categorías básicas: productiva (poiesis), receptiva (aisthesis) y comunicativa (catharsis):

«… el arte ha podido sobrevivir, en todos los tiempos, a sus perseguidores, no porque su existencia haya aportado algo a la satisfacción de las necesidades materiales, sino porque responde a una necesidad que llena el carácter lúdico de la experiencia estética: “el ritual es obligatorio, la danza voluntaria”».


3 comentarios:

Anónimo dijo...

muy importante ese tema sobre todo para lo que lo estudian

hipolito dijo...

Pues yo la verdad pienso que este análisis se queda corto con lo que implica la estética de la recepción, pues solo se habla de algunos aportes que se dieron pero que pasa con las demás ventajas y aportaciones que ha tenido la ciencia literaria... mejores análisis hay en otros sitios......

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Muy amable, Hipólito. Espero que encuentres lo que buscas por la blogosfera, sobre todo por la que intenta divulgar temas que son ajenos a una inmensa mayoría. Si no lo consigues, te recomiendo que te dejes la Red y acudas a ensayos y tesis doctorales que se encuentran en las librerías y que, efectivamente, ofrecen mejores análisis.

Suerte.

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